Vestuario de caballeros (1ª parte)
Estoy convencido que cualquier mujer, daría lo que fuese por la información que se puede extraer de un vestuario de caballeros. No me estoy refiriendo a determinadas características anatómicas de los sujetos visibles para los que allí nos encontramos, que también, sino las que se pueden sacar observando determinados comportamientos de los individuos cuando utilizamos ese santuario pre y post modelación muscular.
Un dato que no escaparía al interés de las damas, sería el del estado civil de los sujetos o si disfruta o no de una relación estable. Nada más sencillo adivinarlo si la señora tuviese acceso al vestuario de caballeros, allí dónde no sólo desnudamos el cuerpo, sino también nuestra alma. Dejamos al descubierto nuestros secretos mejor guardados, en este caso, sin darnos cuenta. No es que se puedan cazar conversaciones, que las hay, de varones imprudentes que airean conquistas de sus secretarias u otras ocupaciones, igual de dignas. No se trata de escuchar nada, máxime cuándo ese tipo de varón tiende a la exageración de su poder de seducción y, sobre todo, del despliegue de sus artes amatorias. Es algo mucho más sencillo. Se trata de ver qué hace el hombre en ese vestuario para saber cómo es y cuál es su situación.

Veréis. Un casado tiene tendencia a limpiar de pelos y jabón el suelo cuando se ducha. Evidentemente como se trata de la ducha del vestuario y no la de su casa, no lo hace pero puedes verle cierto movimiento, totalmente instintivo, cuando termina de ducharse dirigiendo el aparato al suelo para que el agua empuje por el desagüe, pelos y jabón, y así dejarlo limpio como una patena. Si quieres hacer la prueba del nueve con el casado, mira su taquilla. Totalmente ordenada. Los pantalones colgados en la percha y doblados por la raya natural de la plancha, la camisa o jersey guardando un orden armónico y los zapatos alineados uno al lado del otro con sus calcetines dentro y no amontonados de cualquier forma. La bolsa de deporte del casado suele llevar tres bolsitas de plástico en su interior, de esas que te dan en el supermercado para poner la compra. Una de ellas es para poner la ropa sucia cuándo acabas el ejercicio; otra para las zapatillas de deporte y, la tercera, para las chancletas de la ducha. En algunas versiones de gimnasio, los que tienen piscina, el casado se puede llevar hasta una cuarta bolsa de plástico en la que se pone el bañador y la toalla piscinera (diferente a la toalla utilizada para el secado de las abluciones en la ducha) todo ello para evitar que se moje el interior de la bolsa de deporte. Ese casado que acabo de describir, además, lleva varios años de matrimonio. El aprendizaje en la domesticación de los varones, lleva su tiempo.


















